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27 de mayo de 2013

Venezuela y la Reforma de la Ley de Semillas: Fedeagro y Empresas Polar impulsan entrada de transgénicos


COMUNICADO

¡¡EL PUEBLO MADURO EXIGE 

LA CONSTRUCCIÓN DE LA PATRIA 

ECOSOCIALISTA 

LIBRE DE TRANSGÉNICOS!!


Por: Equipo de Comunicación de la Campaña Nacional Venezuela Libre de Transgénicos
(Parte de la Red Nacional Venezuela Libre de Transgénicos)


Este sábado 25 de mayo de 2013, en el marco de la jornada mundial en contra de la transnacional del Agronegocio MONSANTO, nos concentramos en la plaza de los museos en Caracas para sumarnos a esta protesta mundial desde la Campaña Nacional Venezuela Libre de Transgénicos. En la concentración se recolectaron firmas para suscribir esta posición, que serán enviadas a la Asamblea Nacional y Presidencia de la República.
A continuación enviamos el comunicado en el que repudiamos la intención de FEDEAGRO de promover la entrada de cultivos transgénicos al país, exigimos la participación popular en las discusiones de la nueva Ley de Semillas que se esta realizando en la Asamblea Nacional, para ratificar en esta ley el legado del Comandante Eterno de una VENEZUELA LIBRE DE TRANSGÉNICOS.


En el año 2006 el Comandante Supremo Hugo Chávez expresó su firme rechazo a la entrada de semillas y alimentos transgénicos al país, cuando expuso: “Nos oponemos a la tentativa del gobierno imperial de los Estado Unidos y de sus empresas transnacionales de introducir organismos transgénicos en el ambiente... y combatimos decididamente las semillas “terminator” porque ellas atentan contra el sentido de la vida... Manifestamos nuestro apoyo y la necesidad de reconocer a los pueblos y comunidades que durante siglos y milenios han desarrollado la diversidad agrícola”. (Hugo Chávez. Manifiesto de las Américas. Curitiba, Brasil, 20 de abril de 2006)

A pesar de que  Chávez planteo e hizo reiteradamente énfasis en la prohibición y los peligros del uso de semillas transgénicas, así como a la injerencia imperial que esto representaría, vemos con preocupación el hecho de que la Ley de Semillas, Material para la Producción Animal e Insumos Biológicos, vigente desde el año 2002, así como la propuesta para la creación de la nueva Ley de Semillas, no prohíben la importación y producción de semillas transgénicas, sino que establecen regulaciones que posibilitan la entrada de estos productos al país, aún y cuando son conocidas las graves consecuencias sociales, ecológicas y geopolíticas que ha causado el agronegocio transgénico en países como Brasil, Argentina y Paraguay, deforestando la selva amazónica, asesinando líderes campesinos e indígenas, desplazando comunidades enteras y auspiciando golpes de estado como en el caso de Paraguay.

Igualmente, nos preocupa la aparición dentro del articulado de la propuesta de ley, de elementos relacionados con la obtención de certificados y derechos de obtentor, que apuntan hacia la privatización de la semilla, que es y debe ser reconocida y respetada como un patrimonio ancestral, libre y soberano, que pertenece únicamente a los pueblos que las han multiplicado, conservado y mejorado con el conocimiento tradicional desde hace milenios. Esta legislación no reconoce la semilla campesina e indígena, ni contempla ninguna figura del poder popular, irrespetando el derecho del pueblo a ejercer el control soberano sobre sus semillas y alimentos.

El agronegocio transgénico es un modelo agrario capitalista y una continuación de la lógica imperial de la revolución verde, que tiene como principal objetivo la acumulación de capital, y no la alimentación de los pueblos ni el cuidado de la Madre Tierra. Debe ser identificado como una de las más severas formas de violencia que debemos enfrentar como sociedad y que el movimiento por la paz y la vida debe visibilizar sus impactos como un modelo de agresión que vulnera el derecho a la alimentación. 

Los intereses de las grandes transnacionales que dominan hegemónicamente la investigación, producción y mercado de semillas transgénicas, sólo persiguen la acumulación de capital y el control de todos los sistemas agroalimentarios del planeta, creando principalmente cultivos transgénicos resistentes a la aplicación de agrotóxicos herbicidas que ellos mismos producen.

Los transgénicos no garantizan la soberanía alimentaria de nuestros pueblos sino que  son una herramienta tecnológica imperial y corporativa que concentra propiedad de la tierra en pocas de manos, es decir, fortalece el latifundio que genera relaciones de explotación  considerado por la Revolución Bolivariana como contrario al interés social, privatizan la semilla a través de las patentes y derechos de propiedad intelectual, erosionan nuestra diversidad biológica, potencian la contaminación y uso indiscriminado de agrotóxicos y vulneran la soberanía de los pueblos a través del control tecnológico, económico y político.

Investigaciones científicas demuestran que es falso el mito de la mayor productividad del agronegocio transgénico, ya que hay datos que afirman que la mayoría de la población mundial se alimenta con productos generados con tecnologías locales tradicionales. Hoy solicitamos ejercer nuestro derecho a la contraloría social de los sistemas de investigación nacional y la generación de investigación, pertinente y emancipadora que apoye a la agricultura campesina, así como el fortalecimiento de programas de detección de transgénicos y rechazamos la lógica cientificista que invisibiliza y menosprecia la agricultura tradicional como lo han hecho tradicionalmente las ciencias agrícolas de la Revolución Verde.

Existen investigaciones científicas  que demuestran que el consumo de alimentos transgénicos puede causar daños a la salud humana, además de que los cultivos tradicionales pueden ser desplazados y/o extinguidos por las semillas invasoras transgénicas. Todo esto revela cómo la  introducción de esta tecnología al país representa un atentado en contra de la soberanía nacional, en contra de la salud y en contra del patrimonio biocultural ancestral de nuestros pueblos. Exigimos el etiquetado de los alimentos producidos con cultivos transgénicos como derecho a la información  de los y las consumidoras.

A todo esto se suma la ofensiva que los distintos poderes económicos empresariales nacionales han emprendido en su afán de introducir al país los cultivos transgénicos, cuyos casos más emblemáticos se encuentran en las presiones que ha iniciado FEDEAGRO, ala agroindustrial de FEDECAMARAS y aliados de las grandes trasnacionales del agronegocio, así como el caso de las EMPRESAS POLAR, quienes no solo manejan un oligopolio, acaparador y especulador en la producción de alimentos y mantienen a través de sus fundaciones y empresas filiales, laboratorios de investigación biotecnológica, sino que además, desde hace tres años han establecido alianzas con la transnacional MONSANTO para la producción de maíz transgénico en el piedemonte y la altillanura del Río Meta, en Colombia. (Fuente Diario El Tiempo, Colombia).

Exigimos el veto político y económico en el país a las transnacionales que monopolizan la semilla y dominan el sistema agroalimentario como Monsanto y otras transnacionales que recibieron divisas de CADIVI, durante el año pasado. Estas empresas hoy mas que nunca han sido condenadas por todos lo movimientos sociales del mundo, por atentar contra el derecho a la alimentación y a la vida.

En vista de la complejidad que implica el tema de la semilla, los colectivos, organizaciones, movimientos sociales y militantes que nos encontramos articulados en la Red Nacional de Guardianes de Semillas y la Campaña por una Venezuela Libre de Transgénicos, quienes suscribimos los planteamientos generados en la Declaratoria de Monte Carmelo, exigimos: que se abra un debate público a nivel nacional en torno a la creación de la nueva Ley de Semillas, para que los pueblos y comunidades, productoras y consumidoras de las semillas y de los alimentos, participemos en el ejercicio pleno de nuestro derecho como pueblo legislador, en la discusión de una ley como esta, que reviste una importancia crucial al estar relacionada con las semillas que constituyen la base para la alimentación del pueblo.

Desde la  organización y la unidad de los movimientos sociales venezolanos en ejercicio del poder popular solicitamos nuestra participación en la construcción de políticas públicas dirigidas al fomentar y apoyar la agricultura campesina e indígena, en espacios diversificados y en transición agroecológica que aportan la mayoría de los alimentos que se consumen en la ciudad, y que ha sido invisibilizada por la supuesta producción de la agricultura corporativa que consume grandes cantidades de insumos y agrotóxicos y que sólo produce cuatro a cinco rubros agroindustriales: caña de azúcar, arroz, maíz, sorgo y soya. Sólo desde la agricultura soberana y campesina podremos garantizar el derecho de todo nuestro pueblo a consumir alimentos sanos y libres de explotación, agrotóxicos y transgénicos.

¡El Conuco alimenta, El Latifundio esclaviza!

Finalmente, llamamos la atención sobre el carácter ecosocialista que asumió la Revolución Bolivariana con el Programa de Gobierno de la Patria 2013-2019 del Comandante Hugo Chávez y su quinto objetivo histórico de “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”, por lo tanto reivindicamos la transición hacia un modelo agroecológico con las comunas como núcleos de éste nuevo modelo de sociedad. Ratificamos la Declaratoria de Monte Carmelo, en donde se prioriza la protección y promoción de las semillas campesinas e indígenas, los conocimientos y los territorios asociados a ellas como patrimonio de la agrobiodiversidad, profundizando la posición de Venezuela como país libre de transgénicos.

¡Las semillas transgénicas sólo favorecen los intereses del agronegocio!
¡La posibilidad de tener y mantener una Patria, están en juego con esta ley!
¡¡¡Tenemos Patria y hay que defenderla!!!

@vzlalibredeogm

20 de noviembre de 2012

Los transgénicos, un debate popular, político e ideológico


Andrés Avellaneda, C.A.R.I.A.C.O (Colectivo Amplio para la Restauración e Investigación de la Agricultura Campesina y Originaria)
Las variedades del maíz criollo se exhibieron en el Encuentro Internacional de Guardianes de Semilla en Sanare 2012. Siguen estando amenazadas por Monsanto (Fotografía: Diana Ovalles)
Para tratar el tema de los transgénicos hay que hacer una breve reseña del papel de la Fundación Rockefeller en la investigación agrícola mundial. Esta fundación, hija de la estadounidense petrolera Standard Oil Company propiedad de la familia Rockefeller, ha sido la punta de lanza en la confección de sistemas de producción altamente dependiente de insumos provenientes del petróleo, generando ganancias adicionales a partir de los desechos del procesamiento de los combustibles; y también es la fundadora de todo el andamiaje científico técnico mundial, dónde se han formado la gran mayoría de los profesionales y científicos de hoy día, para reproducir en espacio y tiempo, tecnologías al servicio de las transnacionales y sus filiales. De modo que las academias y académicos de todos los continentes e ideologías (capitalista y socialista) se han formado en éstas tecnologías. Los sistemas de producción agrícola de la Rockefeller, conocidos por muchos como la Revolución Verde (para desviar la atención en la identificación de los beneficiarios reales) se caracterizan por el uso de fertilizantes, venenos, lubricantes, combustibles (provienen del petróleo), de maquinarias pesadas, monocultivos y uso de semillas “mejoradas” que sólo responden a todo este dañino subsidio tecnológico y energético.
El saqueo de nuestras semillas
En la década de los años 30 del siglo pasado, el rendimiento de los maíces estadounidenses se comenzó a estancar, mientras las variedades de maíces de Mesoamérica, Suramérica y el Caribe, mayoritariamente semillas autóctonas trabajadas culturalmente, mostraron una producción superior. Ya para la década de los años 20, Estados Unidos había resuelto las bases teóricas para la creación de semillas híbridas (cruces genéticos de diferentes variedades de maíz, cuya descendencia puede mostrar mayor producción que sus progenitores, sobretodo si se le garantiza un ambiente adecuado). Ante el estancamiento de su producción y su avance científico, los Estados Unidos deciden venir por nuestras variedades y saberes culturalmente logrados desde las comunidades originarias y campesinas, utilizando la investigación como actividad para encubrir la biopiratería y bioespionaje. Se envían oleadas de “investigadores de la Fundación Rockefeller” por toda Latinoamérica, para hacer colecciones de nuestros maíces variados; adaptados a diferentes ecoregiones; que respondían a una riquísima diversidad cultural; con alta resistencia, capacidad de propagación y que no dependían de “investigadores”, ni del petróleo. Estas variedades fueron saqueadas y expatriadas para ser “preservadas en el exterior” en 25 bancos de germoplasmas alrededor del mundo (entre ellos el Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo -CIMMYT), donde hoy tienen el 95% de la diversidad genética del maíz lograda por nuestros ancestros. Comienza así el proceso de dominación y mercantilización de las semillas, la actividad agrícola y la alimentación. Luego, parte de ese material genético fue reciclado a sus pueblos que le dieron origen, en forma de mercancías, semillas “mejoradas” con nombres y marcas comerciales; acompañadas con el paquete tecnológico de la Rockefeller para poder expresar su potencial de producción.
El andamiaje científico-técnico de la Rockefeller
Paralelamente la Rockefeller se encargó de fundar casi todas las escuelas técnicas, facultades de agronomía y centros de investigación, dónde se formarían técnicos, profesionales e investigadores, en reproducir la ciencia y tecnología creadas en los centros hegemónicos de las transnacionales. También, bajo los auspicios de la Rockefeller y el financiamiento de las Naciones Unidas, se creó el Grupo Consultivo para Investigación Agrícola Internacional, el CGIAR, todo un andamiaje internacional que dicta las pautas de las investigaciones agrícolas y de formación tecnológica para profesionales, profesores, científicos, doctores, magister, dónde son “entrenados”, para multiplicar y defender en sus países a capa y espada las biotecnologías al servicio de las transnacionales. De los 15 centros del CGIAR, 13 están en países en vías de desarrollo, como el CIMMYT en México, dónde se formaron y se van a formar investigadores venezolanos.
De este andamiaje surgen tres etapas donde el modelo biotecnológico imperante ha prometido resolver el hambre de los pueblos saqueados: las semillas mejoradas; los híbridos y ahora las semillas transgénicas o Semillas Modificadas Genéticamente (SMG); una “biotecnología científicamente antinatural”, altamente dependiente de los centros hegemónicos, dónde sus aparatos, insumos, requerimientos y mentes son importados; que atenta más drásticamente contra la variabilidad genética, poniendo en riesgo uno de nuestros cultivos madre (cultus-cultivo-cultura); además de los incontables e irrefutables perjuicios ocasionados a la naturaleza; y su farsa de aumento de la productividad.
Chávez contra los Transgénicos. Los peligros nacionales
Venezuela nunca ha escapado de estos planes. El presidente Chávez ha manifestado públicamente desde el 2.004 una posición firme de “No a los Transgénicos en Venezuela”; sin embargo lobistas y especialistas continúan en sus planes encubiertos de instaurar esta biotecnología como panacea liberadora, acechando por diferentes frentes. Personalmente, presencie una conferencia “La biotecnología en Cuba” donde un hermano cubano refirió tener el mayor apoyo político de su país, para desarrollar maíz Bt (transgénico) en Cuba (estos compas merodean el IDEA). Desde el IDEA, se han repartido trípticos en el metro de Caracas donde señalan las bondades de la biotecnología, sin hacer mención alguna a sus detrimentos biológicos y políticos. En el IVIC, INIA y Facultad de Agronomía de la UCV, un fuerte contingente de “fitomejoradores” entrenados directa o indirectamente en el CIMMYT, están encolerizados por la postura presidencial y hacen todo su maniqueísmo intelectual, para camuflar sus intenciones reales, como han hecho en todos los países, incluyendo Cuba. Comienzan con “ensayos” en instituciones de investigación y luego piden la liberación comercial del cultivo transgénico. En la Asamblea Nacional se aprobó el 18 de octubre de 2002, una Ley de semillas, material para la reproducción animal e insumos biológicos, publicada en Gaceta Oficial Nº 37.552, que permite, previa constancia de inocuidad biológica y ambiental, la producción de SMG. Esto es un supergolazo! que nos metieron a todos, incluyendo al Presidente. Si se busca por internet, se verá que hay un diputado impulsando una nueva ley de semillas, hasta ahora desconociendo el pueblo venezolano, los enfoques e implicaciones de ésta (http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/83345/diputado-urena-ley-de-semillas-busca-fortalecer-acceso-a-insumos-para-produccion/). Investigadores, docentes, especialistas, presidentes, directores, rectores del chavismo a favor de las SMG dejan permear con cinismo, el avance transgénico, unos por mercaderes, otros porque simplemente se criaron con la biotecnología, la reconocen con idolatría tecnocrática de salvación, sin prever los peligros ecológicos, la dominación política y económica, que pondría de rodillas a la revolución y al pueblo venezolano.
Los peligros internacionales
La entrada de Venezuela al Mercosur es otro escenario de fuerte presión política y tecnológica que recibirá el Presidente y pondrá en prueba la madurez político-ideológica real de la revolución venezolana. En países como Brasil y Argentina las SMG están ampliamente difundidas y desarrolladas; sólo preconizan la “productividad” lograda, escondiendo el caos socioecológico de sus pueblos. El mundo ha visto los acuerdos abiertos entre el gobierno Argentino y la transnacional Monsanto. Si bien es cierto que aquí las transnacionales no andan a sus anchas, lo pudieran hacer indirectamente a través del Mercosur, si no se mantiene una férrea postura soberana, una contextualización autóctona y un programa emancipador. Siento que asistimos a muchos espacios internacionales, sólo a comprar, pareciera sólo metemos la chequera en el maletín, sin llevar propuestas de bienes y servicios para tranzar (amén del petróleo), ni una verdadera demanda de requerimientos contextualizados, según nuestra realidad histórica, cultural, política, económica y geoambiental; dejando a la discrecionalidad del delegado de turno, compromisos que pueden afectar la república. El asunto es delicado. Hemos visto presidentes aliados nuestroamericanos ser derribados por Monsanto (Paraguay), otros dando pasos atrás (Ecuador), hasta la inimaginable Cuba desarrolla “ensayos con fines de investigación” de maíz Bt.
Propuesta
Proponemos generar un gran debate popular y apelar al poder constituyente para tratar el tema, pues sus implicaciones nos afectan a todos por igual, no es un problema de especialistas, productores, agroindustria, empresas de semillas, de un diputado, una subcomisión o la asamblea nacional o un ministerio. Un gran debate y consulta con criticidad liberadora, anteponiendo la emancipación, la autodeterminación de los pueblos y preservación de la vida en el planeta, superando entornos tecnocráticos, que pretenden emular acríticamente, tecnologías con un prontuario de miserias.
andresavellaneda42@yahoo.com 
Cariaco-Venezuela@googlegroups.com

1 de enero de 2012

Nuevas facetas del conflicto por carretera en TIPNIS Boliviano

El Parque Nacional y Territorio Indígena Isiboro Sécure (TIPNIS), seguirá dando que hablar en 2012. 

Desde que a mediados del año 2011 se iniciara una masiva manifestación cuestionando la construcción de una carretera que atravesaría el territorio del Parque Nacional, se han hecho visibles diversos aspectos relacionados con el conflicto de intereses por la carretera entre sectores de la población residente en el TIPNIS, Grupos Indígenas, Conservacionistas, Empresarios Turísticos, Gobiernos Regional y Nacional, etc. 

Ahora, a dos meses del cese del conflicto mediante la promulgación de una Ley que declara al TIPNIS como un área intangible, surge otra manifestación de indígenas bolivianos, solo que esta vez reclamando la construcción de la carretera.

Este conflicto es ilustrativo de lo complejo y diverso de los intereses en juego cuando se ordena el territorio con fines de conservación. Nuevas informaciones revelan que no solo los conservacionistas estaban contra la construcción de la carretera. Inclusive, parece que la legítima protesta de  los grupos conservacionistas y los indígenas, puede haber sido utilizada por otros sectores interesados no solo en crear oportunidades para la desligitimación del gobierno de Evo Morales; sino también en que el desorden y la poca presencia del Estado y del gobierno Boliviano, continuen reinando en el TIPNIS.

Y es que posterior a la declaratoria del TIPNIS como área intangible, el gobierno ha niciado el proceso de revisión de las actividades económicas que se llevan a cabo dentro de sus límites, encontrándose con que gran parte de las licencias otorgados por el Estado para que las comunidades indígenas puedan hacer uso de los recursos naturales, venían siendo ilegalmente trasferidas a terceros para usar las concesiones con fines privados. En la mayoría de los casos los terceros no residen en el área, y en otros casos, son extranjeros.

En función de este hallazgo, el Gobierno de Bolivia suspendió este viernes las licencias ambientales de las empresas turísticas y de explotación maderera que operan en la zona donde se ubica el parque Isidoro Sécure (Tipnis), anuncio dado por la viceministra de Medio Ambiente, Cintia Silva, quien hizo una mención particular de la empresa turística Untamed Angling S.A.

"Hemos emitido una resolución administrativa que deja sin efecto las licencias ambientales de la operación turística debido a un informe que hace el Servicio Nacional de Áreas Protegidas sobre la situación legal de la otorgamiento de derechos", dijo en una rueda de prensa.

Igualmente, la representante medioambiental explicó que el caso de las compañías que explotan madera, la  Autoridad de Fiscalización y Control de Bosques y Tierra (ABT) emitió otra resolución que deja también sin efecto y desconoce los contratos suscritos con las empresas Suri, Huanca Rodríguez e Isigo. "Por otro lado la ABT emitirá una resolución que deja sin efecto los contratos de terceros o empresas con las comunidades para aprovechar los recursos forestales dentro del Tipnis", indicó.

No solo las empresas madereras y turísticas tienen intereses en el TIPNIS. Antes de la llegada del Gobierno de Morales,  funcionaba en Chimoré una base militar norteamericana que, según el Director de la agencia para el Desarrollo de las Macroregiones y zonas Fronterizas (ADEMAF), Juan Ramón Quintana, le permitió a la DEA el control del narcotráfico y de otras actividades ilegales durante más de 20 años.

El funcionario también denunció la explotación de recursos naturales por empresas extranjeras, entre ellas el turismo de lujo, la madera y la cría de lagartos. "Es importante que sepamos que estos lagartos son para el consumo del mercado internacional, hay algunos dirigentes que usan las autorizaciones que otorga el Viceministerio de Medio Ambiente para fines privados y no para la comunidad", afirmó.

Expuso que "todos los lagartos son cazados con autorización, pues hay planes de manejo para las comunidades, pero una buena parte de la carne se queda en la región y la otra parte sale al mercado de Trinidad y Santa Cruz. Pero la mayor parte de los cueros de los lagartos son objeto de monopolio en manos de cuatro empresas encargadas de la exportación al mercado internacional (...) los bolivianos no podemos beneficiarnos de los cinturones, carteras de cuero de lagarto".

En lo que refiere a la actividad de tala, el director de Ademaf explicó que se confirmó la presencia de la empresa Suri y la desmotandora Huanca Rodríguez. La primera realiza su actividad en 40 mil hectáreas para aprovechamiento forestal y la segunda tiene más de 30 mil, "es decir 70 mil hectáreas cerca del núcleo del Tipnis".