6 de diciembre de 2012


Discurso de la Vicecanciller de Venezuela Claudia Salerno Caldera en la Convención de Cambio Climático COP18 

Una batalla entre los principios y los mercados


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Muchas Gracias Señor Presidente,

Quiero comenzar esta intervención con un saludo fraternal a los hermanos y hermanas del Estado Palestino cuya lucha de 65 años el pueblo venezolano Saluda solidariamente.

Señor Presidente,
En las últimas horas un país hermano ha sufrido los embates de cambio de climático, queremos expresar nuestras condolencias al pueblo filipino.
Es hora de dejar de hablar y comenzar a actuar.

Dijo el Presidente Chávez:

“Se requiere una nueva ética en el mundo, una nueva moral y de allí un nuevo comportamiento de todos (…) Este modelo hay que cambiarlo. No hay desarrollo sin humanismo, no es posible un desarrollo en este modelo impuesto en el mundo”.

El sistema capitalista cierra todas las opciones. Prefiere invertir en la guerra en vez de asegurar la vida, privilegia los mercados sobre los seres humanos, trabaja para la acumulación de unos pocos a costa de la pobreza y sufrimiento de muchos.

Nuestro modelo de desarrollo privilegia al ser humano como el centro de una sociedad, no el interés económico.

Después de nuestra victoria electoral del 7 de octubre, comienza un nuevo período de gobierno 2013-2019 para el cual se  generaron cinco grandes Objetivos de Desarrollo, como parte de un Programa de Gobierno que está siendo consultado públicamente y construido colectivamente con todos los sectores de la sociedad, en un ejercicio de democracia directa.
Uno de estos cinco Objetivos, es Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana, incluyendo la conformación de un gran movimiento mundial para abrazar las causas y reparar los efectos del cambio climático que se han venido acumulando como consecuencia del modelo capitalista.

Nuestro Plan de Gobierno privilegia el desarrollo sustentable como política de Estado y establece el compromiso de Venezuela para la transformación ecológica-socialista, como una contribución voluntaria a la solución de problemas ambientales que no hemos generado y que, sin embargo, sufrimos junto con todos los habitantes del planeta.

Señor Presidente,

Venezuela es un país con un 60% del territorio cubierto por Áreas Protegidas que conservan 47 millones de hectáreas de bosques vírgenes. El Delta del Orinoco, parte de la Red de Reservas de Biosfera de la UNESCO, conserva los bosques de mangle más grandes del hemisferio occidental que son sumideros naturales de CO2.

El 70% de la energía eléctrica en Venezuela proviene de fuentes renovables. Adicionalmente hemos invertido 500 millones de dólares en parques eólicos, resultando en la reducción de emisiones equivalentes a 660 toneladas de CO2.

Desde 2007, el sector público reemplazó gratuitamente 155 millones de bombillos incandescentes por bombillos fluorescentes, y  ha promovido la sustitución de artefactos eléctricos, reduciendo las emisiones de más de 12 mil toneladas de CO2.

Señor Presidente,
Vinimos a Doha buscando soluciones, esperando honestidad y compromiso de quienes tienen la responsabilidad histórica del cambio climático.
Hace un año salimos de Durban con la promesa de un segundo período del Protocolo de Kioto. Los desarrollados pidieron tiempo para ajustar detalles, aumentar el nivel de ambición y calcular todos los números que consideraran necesarios antes de informar al mundo el compromiso que asumirían. Eso debió haber ocurrido hace 6 meses. Hubo pocas respuestas, ninguna dentro del lapso acordado, ninguna cercana al nivel de ambición que se requiere de acuerdo al conocimiento científico.

Nos encontramos ahora con compromisos condicionados e insuficientes en una batalla encarnizada entre aquellos que defendemos la ética y los principios de la Convención contra aquellos que sólo buscan mantener unos mercados ya colapsados y claramente inútiles para la reducción de emisiones.
Cabe preguntarse ¿Es esta una cumbre de cambio climático o una cumbre de mercados? ¿Se trata de sacar ganancias comerciando con la contaminación Madre Tierra o vinimos aquí a preservar su integridad y nuestra sobrevivencia? ¿Es el ambiente nuestro principal interés?
Cuando apenas nos queda un día de negociaciones quiero parafrasear al prócer cubano José Martí:

¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!


Esta es la hora de la verdad. El tiempo se acabó y también las excusas. Ya no hay donde esconderse.

La palabra la tienen los países desarrollados y a ellos les preguntamos:  

¿Están ustedes a la altura del compromiso que la ética y el mundo les exige?

Como dijo Gramsci: el optimismo es un asunto de voluntad.

Quisiera culminar mis palabras con lo dicho por el Delegado de Filipinas en la Sesión de esta mañana ante la falta del progreso en las Negociaciones del Protocolo de Kioto. Con lágrimas en los ojos expresó si no hacemos algo nosotros entonces ¿Quién lo hará?, si no lo hacemos ahora entonces ¿Cuándo?, si no lo hacemos aquí entonces ¿dónde?

Venezuela es optimista, Venezuela tiene voluntad política.

Muchas gracias. 

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Doha, Catar, 6 de diciembre de 2012

3 de diciembre de 2012

18 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático.

Países del Sur exigen tomar en serio la Agricultura en las negociaciones de Cambio Climático.

 

Doha, Catar. 2/12/2012
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Hasta ahora, uno de los debates más complejos de la sesión del Organo Subidiario de Asesoria Cientifica y Tecnologia (SBSTA) de la Convencion de Cambio Climático, ha sido el de la agricultura.

Los países signatarios de la Convención participaron activamente en discusiones durante una semana, sobre los aspectos técnicos relativos a la contribución del sistema agrícola al Cambio Climatico. Aun así no llegaron a acuerdos sustantivos y manifestaron su desacuerdo con las autoridades del SBSTA cuando estas plantearon que se debían cerrar las discusiones y proceder a tomar una decisión definitiva.

Varios países, entre ellos Venezuela, manifestaron que el debate está siendo abordado desde una perspectiva alienada que considera a la agricultura únicamente como un proceso de mitigación del Cambio Climático, es decir, como una oportunidad para la reducción de emisiones que serían eventualmente descontadas de los compromisos de los países industrializados. 

Esta discusión obvia un hecho fundamental: la agricultura tiene por fin producir alimento para la humanidad. Esta reducción del tema alimentario a un hecho meramente económico, forma parte de un proceso de mercantilización de la naturaleza que domina las discusiones de la Convención de Cambio Climático y que también considera a los bosques no como espacios para la vida, sino como oportunidades para el sustento de mercados de carbono.

Sin embargo, para India, Venezuela, Argentina, Bolivia, Nicaragua y Brasil, el tema de la agricultura debe abordarse como un asunto de vital importancia para garantizar la seguridad alimentaria y erradicar así la pobreza y el hambre en el planeta. Por ello exigieron continuar discutiendo este tema en la próxima sesión del SBSTA, pues no resulta ético apurar estas decisiones argumentando la falta de tiempo, cuando están en juego las vidas de millones de seres humanos.

La propuesta de Venezuela es aún más legítima y pertinente si consideramos que en el mes de noviembre, el órgano de la ONU dedicado a la Agricultura y la Alimentación (FAO) reconoció el avance de Venezuela en la erradicación del Hambre y la Pobreza, meta que se alcanzó anticipadamente gracias al diseño de una política basada en la consideración del alimento como un derecho y no como una mercancía.

La reunión que trató el tema en la Convención de Cambio Climpatico, se extendió hasta las 3 de la mañana del domingo 2 de diciembre (hora de Catar), sin que se culminara el resto de la agenda. Este tipo de retardos en las negociaciones forma parte de las estrategias de los países industrializados cuyas numerosas delegaciones permiten la rotación del personal, poniendo en desventaja a la mayoría de los países que por lo regular cuentan con menos de 5 delegados.
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CAR
Delegación Venezolana ante la UNFCCC

2 de diciembre de 2012

NO MÁS CONDICIONES, NO MÁS RETRASOS – China, India y el ALBA unidos por la defensa del Protocolo de Kyoto

NO MÁS CONDICIONES, NO MÁS RETRASOS – China, India y el ALBA unidos por la defensa del Protocolo de Kyoto


Doha, Catar; 28 de Noviembre 2012. 
18 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático.
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EL Grupo de Países Afines en Cambio Climático (LMDC, por sus siglas en inglés) es grupo negociador conformado por países en desarrollo con ideas afines  acerca de la interpretación de los principios jurídicos que rigen a la CMNUCC desde su inicio, como el principio de la Responsabilidad Común pero Diferenciada que establece una responsabilidad histórica para aquellos países con economías industrializadas de larga data. Venezuela, junto a Bolivia, China, República Democrática del Congo, Ecuador, Egipto, India, Malaysia, Mali, Nicaragua, Filipinas, Arabia Saudita, forman parte del LMDC.

El LMDC se reunió el 23 de noviembre de 2012 en Catar, antes de la reunión de la Conferencia de las Partes de la CMNUCC para intercambiar opiniones y coordinar posiciones en las negociaciones sobre el clima en la Conferencia de las Partes número 18 (COP18) de la CMNUCC, con el fin de contribuir al logro de los objetivos combinados de la sostenibilidad ambiental, el desarrollo social y económico y la equidad. 

En la COP 18 se discutirá la continuidad del Protocolo de Kyoto, cuyo primer período de compromisos concluye en diciembre, sin que hasta la fecha ninguno de los países industrializados cumpliera con sus responsabilidades. 

En las conversaciones sobre cambio climático en Durban el año pasado, varios países se acordaron un segundo período de compromisos del Protocolo de Kioto tras la expiración del primer período a finales de este año. El resultado concreto en Doha será la operacionalización de este acuerdo. Es importante que el segundo período de compromiso sea ratificable y legalmente vinculante. Deberá entrar en vigor el 1 de enero de 2013 y ser aplicable provisionalmente para que haya implementación inmediata. Más importante aún, el LMDC quiere resaltar que aquellos países desarrollados que se comprometan a un segundo período, asuman metas ambiciosas de reducción de emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) para que los logros alcancen niveles significativos. En la actualidad, los niveles de compromiso son muy bajos amén de que han sido irrespetados. Para que tengan sentido, los objetivos de reducción de emisiones deben ser lo suficientemente profundos y significativos en consonancia con las exigencias de las acciones para estabilizar las concentraciones de GEI en la atmósfera.

Para Venezuela, la COP18 representa una oportunidad política para presentar el Objetivo N°5  del Plan de la Patria y contrastar el compromiso de la Revolución Bolivariana con la “preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”; con la actitud de los países industrializados responsables de la crisis climática. El Objetivo 5 del Plan de la Patria nos compromete a continuar la lucha por la preservación, el respeto y fortalecimiento del régimen climático conformado por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y su Protocolo de Kyoto.

El LMDC ha señalado la clara renuencia por parte de los países desarrollados a realizar  grandes compromisos de reducción de emisiones. Esto debería compararse con el escenario en el que los países en desarrollo han hecho compromisos de mitigación para reducir sus emisiones contaminantes, mayores que los países desarrollados. Tales compromisos de mitigación también han sido realizados por países del LMDC  a pesar de que sus prioridades más apremiantes han sido el desarrollo y la erradicación de la pobreza,  lo que significa el compromiso del  LMDC en el proceso de lucha contra el cambio climático. 

El LMDC fue enfático en señalar que los países más pobres no deben pagar por la irresponsabilidad no de los países desarrollados. 

El mensaje es simple y claro: No hay más condiciones, ni debe haber más retrasos.

Por último, con el fin de tener una conclusión exitosa y significativa de este trabajo, el LMDC está convencido de que la COP18 debe tomar decisiones adecuadas y equilibradas sobre temas como el apoyo a los países en desarrollo para adaptarse al cambio climático;  el financiamiento adecuado y la transferencia de tecnología a los países en desarrollo;  la adecuación de los esfuerzos de mitigación de los países desarrollados;  la implementación de acciones de mitigación apropiadas para los países en desarrollo con el apoyo y la contribución de recursos financieros y la transferencia de tecnología de los países industrializados; abordar las cuestiones de equidad, derechos de propiedad intelectual y las medidas unilaterales; y la aplicación de los compromisos en virtud del Convenio Marco y la visión compartida en el marco de la equidad y de responsabilidades comunes pero diferenciadas.

El LMDC reitera que los resultados exitosos en el Protocolo de Kioto y el Plan de Acción de Bali podrían contribuir al avance de la Plataforma de Durban. Ha llegado el momento de que los países desarrollados cumplan con su parte de los acuerdos alcanzados en Durban y en las anteriores reuniones.
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César Aponte Rivero

27 de noviembre de 2012

La invasión de los cultivos transgénicos en Latinoamérica


Sembrado para comer es sagrado sustento del hombre que fue hecho de maíz.
Sembrado por negocio es hambre del hombre que fue hecho de maíz.
                                                                      Miguel Ángel Asturias en Hombres de Maíz
Las semillas originarias de Nuestra América están siendo amenazadas
por el modelo depredador del agronegocio. Esto se debe a la
preocupante avanzada de este modelo en nuestra región.
Por ejemplo en México, el 15 de noviembre, el grupo ETC hizo público
que el presidente saliente, Felipe Calderón, antes de entregar su
mandato este 1 de diciembre, tendría previsto el aprobar lo que sería
“la masacre del maíz mexicano”: otorgar para el cultivo de maíz
transgénicos a las multinacionales Monsanto y Dupont, un área cuya
extensión equivaldría a la de El Salvador. Si esto sucede, implicaría
un fatal golpe para la alimentación, la salud y la soberanía
alimentaria del pueblo mexicano que, como la mayoría de los
latinoamericanos, tiene en el maíz su principal fuente de alimento. La
medida presidencial incluiría igualmente la obligación de pagar las
patentes a estas empresas, para los campesinos que, aunque no lo
quisieran, por efecto de la polinización natural -resultado de la
acción de agentes como el viento o los insectos- tengan semillas
transgénicas en sus cultivos.
La persecución de campesinos para asegurar y facilitar los intereses
del agronegocio es parte de la realidad que se vive en Colombia, tras
la firma por parte del gobierno de dicho país de un Tratado de Libre
Comercio que ha dado vía libre al control por parte de las
trasnacionales de la comercialización de las semillas. Así,
testimonios como el de Orlando Pana, en el Encuentro Internacional
Guardianes de la Semilla, celebrado en Octubre pasado en el estado
Lara (Venezuela), nos hablan de cómo se criminaliza y se persigue al
campesino por sembrar semillas orgánicas, conminándolo a sembrar
semillas transgénicas.
En Paraguay la situación no es mucho mejor: es el sexto exportador de
soya a nivel mundial y el 80% de estas exportaciones provienen de
cultivos transgénicos. Según denuncian movimientos campesinos y
sociales paraguayos, Monsanto estaría vinculada al golpe de Estado de
Junio pasado contra el presidente Fernando Lugo, por ser éste un
obstáculo en la profundización de la liberalización del comercio de
semillas transgénicas en el país. El presidente de facto, Federico
Franco, aprobó, el pasado Octubre, el liberalizar el cultivo de cuatro
tipos de maíz transgénicos y dos de algodón genéticamente modificado.
Mientras, la Federación campesina paraguaya ha denunciado que este
tipo de cultivo está ocasionando abortos en las mujeres campesinas,
debido a su alto nivel de toxicidad.
En Costa Rica la población está alerta, ya que el próximo 3 de
Diciembre la Comisión Técnica de Bioseguridad hará pública su decisión
en torno a la aprobación –o no– de la solicitud de Monsanto para
comercializar y sembrar distintos tipos de maíz transgénicos.
En Argentina, el actual borrador de Proyecto de Reforma de la Ley de
Semillas beneficiaria, de nuevo, a Monsanto. De aprobarse este
borrador, una de sus consecuencias sería la restricción del “uso
propio” de las semillas por parte de los agricultores. Por ende, se
les cercenaría el derecho de intercambiar, depositar y reproducir sus
propias semillas.
En Bolivia, la recién promulgada Ley de la Madre Tierra entra en vigor
en un contexto de aumento sustancial del cultivo de soya transgénica.
Y es que el modelo agrario basado en un imaginario desarrollista que
busca la productividad a toda costa, le abre las puertas en la región
a los cultivos y semillas transgénicos. En Ecuador, el presidente
Rafael Correa expresó que “fue un error” haber declarado, en la
constitución de 2008, a Ecuador como un país libre de transgénico, y
que no descarta la posibilidad de realizar una enmienda para permitir
los cultivos transgénicos en su país. En respuesta a estas
declaraciones, la organización internacional Vía Campesina remitió una
carta abierta al mandatario exponiendo las razones por las cuales los
cultivos transgénicos no son la solución para  el país.
En Venezuela hay, desde el 2009, información sobre los esfuerzos de la
multinacional Monsanto para influir en las políticas públicas,
realizando labores de lobby con parlamentarios de la Asamblea
Nacional. Actualmente, un sector de productores agrícolas está
solicitado al gobierno del presidente Hugo Chávez “permitir la siembra
‘controlada” de maíz y soya transgénica. Aunque en Venezuela no se
permiten estos tipos de cultivos, no estamos exentos de caer en la
tentación de seguir el modelo hegemónico del agronegocio. Sobre todo
tras las recientes declaraciones del presidente Chávez afirmando que
Venezuela tiene el potencial de convertirse en una de las naciones
que produzcan más soya en el mundo”. Si tenemos en cuenta que
Venezuela está desarrollando su agrosector con la colaboración y
asesoramiento de Brasil, el segundo país exportador mundial de soya
transgénica (el primero y tercero son Estados Unidos y Argentina
respectivamente), nos puede asaltar la preocupación.
Así pues, la expansión de los cultivos transgénicos en Latinoamérica
atenta, de manera sistemática, contra la vida de nuestros pueblos y
contra nuestra cultura. Y al mismo tiempo que está en riesgo esa
sagrada relación que tienen nuestros campesinos y poblaciones
indígenas con la tierra y sus frutos, peligramos con ellos el resto de
las mujeres y hombres de maíz.
Los cultivos transgénicos son aquellos en los que las plantas
cultivadas son el resultado de semillas manipuladas genéticamente a
través de la biotecnología para incrementar la producción masiva. Este
tipo de cultivos genera enormes impactos negativos en la salud humana,
tales como cáncer, enfermedades degenerativas y malformaciones, entre
otros. Convienen recordar que un reciente estudio de la Universidad de
Caen (Francia), publicado por la revista Food and Chemical Toxicology,
presenta los resultados de un experimento en el que, tras alimentar a
ratas con maíz transgénico, éstas desarrollaron tumores en distintas
partes de su cuerpo.
A nivel medio ambiental y social, existen otros impactos consecuencia
de la proliferación de estos cultivos como son la desertificación de
los suelos, la reducción de la biodiversidad, la dependencia de los
agricultores de las multinacionales, el empobrecimiento de los
pequeños campesinos y la criminalización de los y las que rechazan los
cultivos transgénicos, así como la destrucción de la cultura que
vincula al hombre y la mujer con la semilla orgánica, local y
tradicional u originaria.

Gabriela Rodríguez 
publicado orginalmente en: http://reflexionesverdes.wordpress.com/

20 de noviembre de 2012

Los transgénicos, un debate popular, político e ideológico


Andrés Avellaneda, C.A.R.I.A.C.O (Colectivo Amplio para la Restauración e Investigación de la Agricultura Campesina y Originaria)
Las variedades del maíz criollo se exhibieron en el Encuentro Internacional de Guardianes de Semilla en Sanare 2012. Siguen estando amenazadas por Monsanto (Fotografía: Diana Ovalles)
Para tratar el tema de los transgénicos hay que hacer una breve reseña del papel de la Fundación Rockefeller en la investigación agrícola mundial. Esta fundación, hija de la estadounidense petrolera Standard Oil Company propiedad de la familia Rockefeller, ha sido la punta de lanza en la confección de sistemas de producción altamente dependiente de insumos provenientes del petróleo, generando ganancias adicionales a partir de los desechos del procesamiento de los combustibles; y también es la fundadora de todo el andamiaje científico técnico mundial, dónde se han formado la gran mayoría de los profesionales y científicos de hoy día, para reproducir en espacio y tiempo, tecnologías al servicio de las transnacionales y sus filiales. De modo que las academias y académicos de todos los continentes e ideologías (capitalista y socialista) se han formado en éstas tecnologías. Los sistemas de producción agrícola de la Rockefeller, conocidos por muchos como la Revolución Verde (para desviar la atención en la identificación de los beneficiarios reales) se caracterizan por el uso de fertilizantes, venenos, lubricantes, combustibles (provienen del petróleo), de maquinarias pesadas, monocultivos y uso de semillas “mejoradas” que sólo responden a todo este dañino subsidio tecnológico y energético.
El saqueo de nuestras semillas
En la década de los años 30 del siglo pasado, el rendimiento de los maíces estadounidenses se comenzó a estancar, mientras las variedades de maíces de Mesoamérica, Suramérica y el Caribe, mayoritariamente semillas autóctonas trabajadas culturalmente, mostraron una producción superior. Ya para la década de los años 20, Estados Unidos había resuelto las bases teóricas para la creación de semillas híbridas (cruces genéticos de diferentes variedades de maíz, cuya descendencia puede mostrar mayor producción que sus progenitores, sobretodo si se le garantiza un ambiente adecuado). Ante el estancamiento de su producción y su avance científico, los Estados Unidos deciden venir por nuestras variedades y saberes culturalmente logrados desde las comunidades originarias y campesinas, utilizando la investigación como actividad para encubrir la biopiratería y bioespionaje. Se envían oleadas de “investigadores de la Fundación Rockefeller” por toda Latinoamérica, para hacer colecciones de nuestros maíces variados; adaptados a diferentes ecoregiones; que respondían a una riquísima diversidad cultural; con alta resistencia, capacidad de propagación y que no dependían de “investigadores”, ni del petróleo. Estas variedades fueron saqueadas y expatriadas para ser “preservadas en el exterior” en 25 bancos de germoplasmas alrededor del mundo (entre ellos el Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo -CIMMYT), donde hoy tienen el 95% de la diversidad genética del maíz lograda por nuestros ancestros. Comienza así el proceso de dominación y mercantilización de las semillas, la actividad agrícola y la alimentación. Luego, parte de ese material genético fue reciclado a sus pueblos que le dieron origen, en forma de mercancías, semillas “mejoradas” con nombres y marcas comerciales; acompañadas con el paquete tecnológico de la Rockefeller para poder expresar su potencial de producción.
El andamiaje científico-técnico de la Rockefeller
Paralelamente la Rockefeller se encargó de fundar casi todas las escuelas técnicas, facultades de agronomía y centros de investigación, dónde se formarían técnicos, profesionales e investigadores, en reproducir la ciencia y tecnología creadas en los centros hegemónicos de las transnacionales. También, bajo los auspicios de la Rockefeller y el financiamiento de las Naciones Unidas, se creó el Grupo Consultivo para Investigación Agrícola Internacional, el CGIAR, todo un andamiaje internacional que dicta las pautas de las investigaciones agrícolas y de formación tecnológica para profesionales, profesores, científicos, doctores, magister, dónde son “entrenados”, para multiplicar y defender en sus países a capa y espada las biotecnologías al servicio de las transnacionales. De los 15 centros del CGIAR, 13 están en países en vías de desarrollo, como el CIMMYT en México, dónde se formaron y se van a formar investigadores venezolanos.
De este andamiaje surgen tres etapas donde el modelo biotecnológico imperante ha prometido resolver el hambre de los pueblos saqueados: las semillas mejoradas; los híbridos y ahora las semillas transgénicas o Semillas Modificadas Genéticamente (SMG); una “biotecnología científicamente antinatural”, altamente dependiente de los centros hegemónicos, dónde sus aparatos, insumos, requerimientos y mentes son importados; que atenta más drásticamente contra la variabilidad genética, poniendo en riesgo uno de nuestros cultivos madre (cultus-cultivo-cultura); además de los incontables e irrefutables perjuicios ocasionados a la naturaleza; y su farsa de aumento de la productividad.
Chávez contra los Transgénicos. Los peligros nacionales
Venezuela nunca ha escapado de estos planes. El presidente Chávez ha manifestado públicamente desde el 2.004 una posición firme de “No a los Transgénicos en Venezuela”; sin embargo lobistas y especialistas continúan en sus planes encubiertos de instaurar esta biotecnología como panacea liberadora, acechando por diferentes frentes. Personalmente, presencie una conferencia “La biotecnología en Cuba” donde un hermano cubano refirió tener el mayor apoyo político de su país, para desarrollar maíz Bt (transgénico) en Cuba (estos compas merodean el IDEA). Desde el IDEA, se han repartido trípticos en el metro de Caracas donde señalan las bondades de la biotecnología, sin hacer mención alguna a sus detrimentos biológicos y políticos. En el IVIC, INIA y Facultad de Agronomía de la UCV, un fuerte contingente de “fitomejoradores” entrenados directa o indirectamente en el CIMMYT, están encolerizados por la postura presidencial y hacen todo su maniqueísmo intelectual, para camuflar sus intenciones reales, como han hecho en todos los países, incluyendo Cuba. Comienzan con “ensayos” en instituciones de investigación y luego piden la liberación comercial del cultivo transgénico. En la Asamblea Nacional se aprobó el 18 de octubre de 2002, una Ley de semillas, material para la reproducción animal e insumos biológicos, publicada en Gaceta Oficial Nº 37.552, que permite, previa constancia de inocuidad biológica y ambiental, la producción de SMG. Esto es un supergolazo! que nos metieron a todos, incluyendo al Presidente. Si se busca por internet, se verá que hay un diputado impulsando una nueva ley de semillas, hasta ahora desconociendo el pueblo venezolano, los enfoques e implicaciones de ésta (http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/83345/diputado-urena-ley-de-semillas-busca-fortalecer-acceso-a-insumos-para-produccion/). Investigadores, docentes, especialistas, presidentes, directores, rectores del chavismo a favor de las SMG dejan permear con cinismo, el avance transgénico, unos por mercaderes, otros porque simplemente se criaron con la biotecnología, la reconocen con idolatría tecnocrática de salvación, sin prever los peligros ecológicos, la dominación política y económica, que pondría de rodillas a la revolución y al pueblo venezolano.
Los peligros internacionales
La entrada de Venezuela al Mercosur es otro escenario de fuerte presión política y tecnológica que recibirá el Presidente y pondrá en prueba la madurez político-ideológica real de la revolución venezolana. En países como Brasil y Argentina las SMG están ampliamente difundidas y desarrolladas; sólo preconizan la “productividad” lograda, escondiendo el caos socioecológico de sus pueblos. El mundo ha visto los acuerdos abiertos entre el gobierno Argentino y la transnacional Monsanto. Si bien es cierto que aquí las transnacionales no andan a sus anchas, lo pudieran hacer indirectamente a través del Mercosur, si no se mantiene una férrea postura soberana, una contextualización autóctona y un programa emancipador. Siento que asistimos a muchos espacios internacionales, sólo a comprar, pareciera sólo metemos la chequera en el maletín, sin llevar propuestas de bienes y servicios para tranzar (amén del petróleo), ni una verdadera demanda de requerimientos contextualizados, según nuestra realidad histórica, cultural, política, económica y geoambiental; dejando a la discrecionalidad del delegado de turno, compromisos que pueden afectar la república. El asunto es delicado. Hemos visto presidentes aliados nuestroamericanos ser derribados por Monsanto (Paraguay), otros dando pasos atrás (Ecuador), hasta la inimaginable Cuba desarrolla “ensayos con fines de investigación” de maíz Bt.
Propuesta
Proponemos generar un gran debate popular y apelar al poder constituyente para tratar el tema, pues sus implicaciones nos afectan a todos por igual, no es un problema de especialistas, productores, agroindustria, empresas de semillas, de un diputado, una subcomisión o la asamblea nacional o un ministerio. Un gran debate y consulta con criticidad liberadora, anteponiendo la emancipación, la autodeterminación de los pueblos y preservación de la vida en el planeta, superando entornos tecnocráticos, que pretenden emular acríticamente, tecnologías con un prontuario de miserias.
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